Posted by on May 16, 2020 in Novedades | 0 comments

-Quédate en casa-  dice el reggaetonero ahora rico y con collares y anillos de oro y plata, mostrando su colección de autos, putas y muebles caros que ni siquiera sabe disfrutar si no los muestra en sus redes diariamente.

-Quédate en casa- dice el futbolista millonario que ahora tiene todos los dientes (algunos de oro),  pero que todavía no aprendió a hablar, abrazado a su esposa mientras sus hijos corren por los 400 metros cuadrados de su hogar.

-Quédate en casa-  dice el político, mientras elige en cuál de sus propiedades pasará la cuarentena mientras elige que champagne tomar hoy en su cena en cuarentena.

-La gente no entiende- dice alguien más, mientras descargan en su puerta el cajón de fruta y verdura «ecológica»que compraron online y pagaron con una de sus tantas tarjetas.

Y qué decir de aquellos que surtieron sus despensas en las grandes tiendas para pasar la cuarentena, acumulando cosas inútiles como idiotas.

Pero al margen, los barrios invisibles las «casas» de cuatro metros cuadrados para una familia, de chapa y cartón, donde el frío es FRÍO EN MAYÚSCULAS y el calor abraza y marea.

Esas casas llenas de familias, donde lo que ganaste ayer, es la comida de hoy.
Donde, si no ganaste ayer, no hay comida hoy. Para nadie. O sólo para los chicos.

Donde se conocen las medidas sanitarias, pero es imposible cumplirlas, porque no hay agua para lavarse las manos.

¡Tienen miedo, pero sin medios!

Sólo se intenta vivir, resistir, sobrevivir día a día.

El virus no nos hace iguales. Para nada. Saca lo peor de este Ser Humano actual, que «involuciona día a día».

El virus pone en evidencia, aún más, la intolerancia, la apatía con que el sector privilegiado de esta sociedad mira a los que menos tienen.

-Quédate en tu casa, para cuidarnos entre todos- Se los acusa e interpela.

Afuera el virus, adentro el hambre…las caras de sus hijos pequeños y adolescentes, la decepción, la incertidumbre, la desesperanza, el llanto.

¿Realmente nos cuidamos entre todos?

No señoras y señores… no estamos en el mismo barco. Estamos en el mismo mar, eso sí es verdad…pero unos están en yate, otros en lancha, otros en una canoa de bambú, otros en salvavidas y otros nadando con ¡todas sus fuerzas! sin siquiera un snórkel y sin ver la otra orilla cada día.

Me pregunto si al final tendremos un aprendizaje y haremos algo positivo para cambiar lo que se está haciendo mal en el mundo.

Evolucionar como especie no es mucho pedir. Debería ser algo natural, espontáneo, no pensado.