Posted by on Ago 16, 2017 in Novedades | 0 comments

La epifanía (por etimología, del griego: επιφάνεια que significa «manifestación») es para muchos, sólo un acontecimiento religioso. Para muchas otras culturas las epifanías corresponden a revelaciones o apariciones en donde los profetas, chamanes, médicos brujos u oráculos interpretaban visiones más allá de este mundo.

Actualmente el concepto se ha modernizado y muchas veces se cita con algo que no tiene que ver para nada con la religión (cristiana especialmente). Cualquier ser humano puede tener una epifanía si está claramente conciente de su posibilidad. Yo prefiero llamarlo “tener una epifanía” o alcanzar el “satori”.

Este tema es uno de los temas que habitualmente encuentran mis alumnos y personas a las que mentoreo a diario (o en especial). Tener una epifanía” o alcanzar el “satori” significa encontar en nuestra mente, en nuestra conciencia, o espíritu o como lo llames…una revelación…pero no la aparición de Buda o la Virgen María, sino una revelación en lo que estemos (o no) buscando como solución a un problema, respuesta a una inquietud, o búsqueda en resumida cuenta…de la verdad y del objetivo que cada ser humano tiene en la vida.

Tener o percibir una epifanía requiere un conocimiento previo y profundo de una materia; ya que se trata de dar un enorme salto en la comprensión de la misma. Una epifanía fue la que tuvo Albert Einstein al formular su archiconocida (pero poco entendida) teoría de la relatividad.

Generalmente, tener una epifanía o alcanzar el satori, es lograr que tu mente perciba lo que otros aún no pueden (o no quieren) ver.

En 1974, el norteamericano Arthur Fry trabajaba como investigador para el desarrollo de nuevos productos en la compañía 3M. Uno de sus colegas había inventado 6 años antes, un pegamento que era lo suficientemente fuerte como adherir dos objetos ligeros; pero también lo bastante suave como para permitir la separación de estos, sin causarles daño.

Cada noche, Fry ensayaba en el coro de una iglesia porque también cantaba; y casi siempre utilizaba pequeños trozos de papel para marcar las páginas del cancionero. Sin embargo, esas hojas siempre se movían de su sitio, generándole confusión. Fue por eso que Arthur decidió añadirles un poco del adhesivo que había inventado su colega, y listo: así nació el Post-it; que ha generado ganancias millonarias desde su lanzamiento en 1980.

Newton era ya un físico muy versado y llevaba mucho tiempo de investigación, cuando la –supuesta- famosísima manzana le cayó en su cabeza. El incidente sólo sirvió para explicar que aquella manzana y la Luna, eran tiradas por la misma fuerza: la gravedad. Tuvo su “epifanía” y pudo continuar, dede ella, con su teoría.

Casos similares le ocurrieron por igual a Arquímedes, a Darwin o Einstein. También existe en los artistas. La Gioconda de Leonardo seguramente lo fue. El Pensador, de Rodin, lo mismo. Lennon y Mc Cartney con su canción Let It Be.

Es decir, ocurre cuando una idea se sale de los márgenes de nuestra indagación y nos coloca en un sitio completamente novedoso, tenemos una epifanía o alcanzamos el satori.

Experiencias de laboratorio y la descripción de quienes las han tenido; confirman que las epifanías son “destellos de claridad” completamente repentinos e inesperados. Así que no podemos tener control sobre ellas, pero sí podríamos entrenar al cerebro para propiciarlas o detectarlas con una mayor frecuencia.

“Las mejores ideas son cambios inesperados en la forma de entender las cosas. Vienen sin previo aviso y se sienten como un regalo. De hecho lo son” pregona el doctor Gary Klein, especialista en este tema y autor del libro “Seeing What Others Don’t: The Remarkable Ways We Gain Insights”.

Por cierto, el término epifanía comenzó a utilizarse para denominar revelaciones completamente divinas; pero hoy sabemos que pueden ocurrirle a cualquiera logre un conocimiento amplio en una materia y se atreva a mirar por donde otros no lo han hecho. “La curiosidad es la mejor manera de volverte perspicaz”, señala Klein; y remarca que la falta de visión viene del desinterés y pasividad de la mente. “La curiosidad es el motor del ingenio. Quienes tienen conocimientos pueden ver lo menos evidente; y en lugar de ignorarlo, indagarán”, remarca.

Un estudio realizado hace poco tiempo demostró que “soñar despierto” –aunque pudiera parecer un actitud muy pasiva- mantiene al cerebro en un estado de intensa actividad. Cuando se está trabajando sobre el desarrollo de una idea, es importante darle tiempo a la mente para que divague; porque esto le permitirá hacer conexiones inesperadas y tropezar con ideas repentinas.

Muchos científicos piensan que el estado que alcanzas al “soñar despierto” aumenta la capacidad para concentrarte en información que te ocupa, dejando de lado los distractores. Otras investigaciones realizadas por neurocientíficos, encontraron que “soñar despierto” involucra los mimos procesos cerebrales implicados en la imaginación y la creatividad.

“Es preocupante que mucha gente pase todo su tiempo libre –cuando no están conversando con otros- escuchando música y otras cosas por el estilo. No se dejan un espacio para soñar despiertos”, señala Klein.

“Atiende las anomalías en lugar de explicarlas rápidamente para volver a tu zona de confort”, recomienda Gary Klein. Este especialista lo explica detalladamente: “Nuestra tendencia es a ignorar las coincidencias o no pensar demasiado en ellas, ya que a menudo no tienen sentido. Pero indagar en las coincidencias es una forma sorprendente de hacer conexiones”.

“La creencia es que la correlación no implica casualidad, y es cierto. La gente ve toda clase de correlaciones y coincide que resultan ser falsas. Por eso tienen una mala reputación. Pero en mi trabajo he encontrado que muchas revelaciones se logran gracias a gente que indaga en las coincidencias y hace suposiciones; en vez de limitarse a decir solamente ‘debe ser una casualidad’ sin investigarlo a fondo”, remarca Klein.

Para terminar con este modesto ensayo quiero definir el “satori”. Según Wikipedia, la Babel actual, Satori es el momento en que se descubre de forma clara que solo existe el presente (donde nace el pasado y el futuro), creándose y disolviéndose en el mismo instante; con lo que la experiencia aclara que el tiempo es solo un concepto, que el pasado y el futuro son una ilusión al igual que todo el mundo físico. Satori es un término de origen asiático, que designa la iluminación en el budismo zen. La palabra significa literalmente ‘comprensión’ .

Por supuesto, es el avance/la penetración desde el mundo dualístico al dominio no-dualístico de la Realidad. Iluminacion por lo general profunda; el despertar a la verdad que existe mas alla de todo dualismo y discriminacion. A diferencia del extasis o las revelaciones psicólogicas o filosóficas, el Satori es el despertar espiritual que produce una transformacion fundamental de la personalidad y el carácter y una visión totalmente fresca del mundo. 

Es el retorno a la condición normal de la conciencia, a la verdadera luz original. No mira ni mide las diferencias. El Satori es eso: darse cuenta que uno pertenece al universo. Claro que es nuestra condición normal, pertenecer al universo, pero se vive olvidándolo desde hace siglos.

Alcanzar el satori es darse cuenta, sin pensamientos, ni palabras, es el momento justo, puro sin yo. Desterrando a la máquina de impedir de todo ser humano: el Ego.