Posted by on Ago 12, 2017 in Novedades | 0 comments

Hace unos días, una personita muy joven a la que quiero ya mucho…(a la que llamaremos “C”) y que está siendo mentoreada desde hace un semestre, me preguntó: ¿Qué es el “existencialismo”? y agregó que en la escuela lo explicaron pero que -como otras tantas veces ni ella ni sus compañeras- entendió absolutamente nada.

-¡Menuda pregunta!- le dije casi riendo, ya que la conversación, sabía daría para más que un rato. Para responderle su inquietud, no me valdría sólo de una definición mundana. Esa inquietud adolescente fue lo que originó finalmente este posteo en mi blog.

Comencé explicándole que el llamado existencialismo se gestó no en una época sino en varias, y está fuertemente relacionado con el crecimiento del Ser Humano, y en especial, varias disciplinas del Arte. Pinturas, novelas muy antiguas y también más cercanas, obras de teatro que nos remontan hasta Grecia, sin ser catalogadas como existencialistas, marcaron el rumbo de esta corriente filosófica que tuviera su mayor apogeo a mediados del siglo XX.

Le mostré pinturas del español Juan Genovés como también obras del francés Jean Fautrier, algunas esculturas de Germaine Richier, y lo más expresivo de Dalí. Le hablé de directores de cine muy encumbrados como Ingmar Bergman, en películas como “El séptimo sello” o “Fanny y Alexander” o o las del ruso Andrey Tarkovsky en casi toda su obra (por ejemplo “Solaris” del libro de Stanislaw Lem, usando la ciencia ficción para dar lugar a reflexiones existencialistas) y hasta pudimos ver de esas pelis, algunos extractos en YouTube (la Babel actual). También, del gran “woody”, Woody Allen, excelente ejemplo.

-¡Llegó el momento de hablar de escritores!- le dije entonces a C.

¿Por dónde comenzar? Le hablé de Gilgamesh el inmortal y su Epopeya, intentando dar con un origen basal, lejano. Las tragedias de Sófocles y Eurípides, como también las de Shakespeare. Salteé varios siglos, y entonces sobrevino Frank Kafka, con “El Castillo”, “El Proceso”, “La Metamorfosis”. Cité las obras de Jean-Paul Sartre, Miguel de Unamuno, Simone de Beauvoir y Albert Camus. Recordé que el existencialismo también tiene notables antecedentes en el siglo XIX en el pensamiento de Søren Kierkegaard y Friedrich Nietzsche. No me pude olvidar de los escritores llamados “pesimistas” como  Arthur Schopenhauer, o las novelas de Fiódor Dostoyevski. Le recomendé obras  como “La náusea”, de Sartre; “La peste”, de Camus; “Viaje al fin de la noche”, de Cèline; “Para acabar con el juicio de Dios”, de Antonin Artaud y la poesía y dramaturgia de Jean Genet. También, el dilema de dos identidades viviendo en un mismo cuerpo, citado como eje por  Hermann Hesse en “El lobo estepario”.

-Pero entonces el existencialismo ¡es re-viejo!- exclamó  aturdida C. Me reí a carcajadas.

-Ni “muy muy ni tan tan”…-le contesté…-Aunque podríamos decir que existe desde que el hombre se volvió racional (aunque no me guste esa palabra).-

El existencialismo recién toma nombre en el siglo XX y especialmente tras las terribles experiencias que vivió el mundo durante la Primera Guerra Mundial y la Segunda Guerra Mundial. En esos conflictos, y al término de ellos, surgieron los filósofos que se preguntaron ¿qué sentido tiene la vida?, ¿para o por qué existe el ser?

Walter Kaufmann describió al existencialismo como “el rechazo a pertenecer a cualquier escuela de pensamiento, el repudiar la adecuación a cualquier cuerpo de creencias, y especialmente las sistemáticas, y una marcada insatisfacción hacia la filosofía tradicional, la cual tacha claramente de superficial, académica y alejada de la vida”. Asimismo, otros pensadores atribuyen al existencialismo  un carácter vivencial, ligado a los dilemas, estragos, contradicciones y estupidez humana.

Empecé entonces a tratar de explicarle a C posicionándome en esa escuela la significancia e insignificancia del ser, el dilema en las guerras, el eterno tema del tiempo, la libertad, ya sea física o metafísica, la relación dios-hombre, el ateísmo, la naturaleza del hombre, la vida y la muerte.

El existencialismo, de acuerdo a Jean-Paul Sartre, dice que en la naturaleza humana la existencia precede a la esencia (lo que para algunos es un ataque a dogmas religiosos), pensamiento iniciado por Aristóteles, concretado por Hege, y proseguido en Sartre, quien indica que los seres humanos “primero existimos y luego adquirimos esencia”; es decir, sólo existimos y, mientras vivimos, vamos aprendiendo de los demás seres de nuestra misma especie, y sus inventos; desde Dios hasta la existencia de una esencia humana previa, el humano, entiende Sartre, se libera en cuanto se “realiza libremente” y esa es su esencia, su esencia parte desde sí para-sí.

-Y por aquí, que pasó con el existencialismo?- me preguntó C, con sus ojos enormes y negros, casi de “animé”.

Aquí, de entrecasa, en lo latinoamericano, le recomendé que escuche la música del argentino Luis Alberto Spinetta, el disco Artaud es más que claro, Litto Nebbia y “La balsa”, rompiendo en los 60´s el preconcepto que “el rock sólo podía cantarse en inglés”, más actual, Gustavo Cerati en su forma de solista y entre los artistas más nuevos, la cantante Grisel Dángelo o Sol Pereyra.

En escritores “de este lado del mundo”, le planteé que lea  Fernando Pessoa, en particular: “El marinero” y “El libro del desasosiego”. También Ernesto Sábato, Mario Vargas Llosa, Andres Caicedo, Alberto Wagner de Reyna, Jorge Portilla, Vicente Ferreira da Silva, Ismael Quiles. También al inefable “énfant terrible” Alejandro Dolina. Quise hablarle de Carlos Castaneda pero me pareció excesivo…

-Pablo, cuántos libros leíste vos?-

-Mhhh…Cuando llegué a quinientos, ya no conté más, es un despropósito. ¿Vos contás todos los temas musicales que tenés en tu tablet?…-

-Claro. Tenés razón…¿para qué?-

Supe en esa respuesta que entonces, me había comprendido.

🙂