Posted by on Oct 8, 2018 in Novedades | 0 comments

La democracia, una gran mentira de tantas que existen al menos en gran parte del planeta se enfrenta al desencanto popular ante quienes nos gobiernan. Esa desilusión, no respeta fronteras y esto se manifiesta en que cada nueva elección, el porcentaje de gente que no vota está creciendo.La democracia para quienes no lo sepan, proviene de la filosofía griega. La democracia griega pretendía que sólo los más capaces pudieran ser gobernantes y por eso eran electores o elegibles solamente los ciudadanos en función de sus conocimientos y cultura superior. Aún así muchas veces los gobernantes elegidos solían cometer errores, pero para ellos no existían fueros o inmunidades: podían ser duramente acusados y juzgados al terminar su mandato.

Paralelamente Platón, quizás a instancias de su mentor, Sócrates, defendía la idea que también es importante quién es el que vota a esos ciudadanos. Platón defendia la “sofocracia”, que es el gobierno de los sabios y esta idea le fue originada por Sócrates, su gran maestro. Aseguraba que hay derechos, como el del voto político, que dependen del talento individual, por ello, no se puede adjudicar a toda persona un derecho que depende de su capacidad intelectual, y moral que debe ser superior a la media.

La democracia debe forjarse en base a la virtud, y si la poblacion que elige no es “virtuosa” (como diría también Clístenes), es facilmente manipulada y cautiva de los demagogos. Casos como Lula en Brasil, el populismo en Argentina, Maduro en Venezuela dan la pauta del pueblo en manos de los demagogos y los intereses económicos más sucios y espúreos buscando reelecciones y enriquecimiento personal.

Una población virtuosa y culta, es vigilante y comprometida con la política en todas sus formas porque persigue el buen gobierno al desear su bienestar común. Lo vemos en los países nórdicos como Suecia, Noruega, Finlandia, cuyas poblaciones son en mayoría muy cultas y educadas con los temas que realmente hacen al bien de un pueblo. La resultante es que además tienen generalmente buenos gobernantes.

Es posible que alguien confunda lo que aquí se plantea con una defensa de la aristocracia, pero no se trata de votantes con buena posición económica, sino votantes alejados de la ignorancia lo cual son circunstancias diferentes. Es dable destacar también que la democracia ateniense era directa, y no como ahora que es representativa.

El problema es ¿quién decide que alguien es culto o no, es decir, apto o no para votar?. ¿Quién garantiza que esa persona va a otorgar la aptitud por medio de criterios objetivos o que no va a corromperse y elegir sólo a quiénes el considere según su propio interés?

La idea no es sólo griega (ni mía), aquí hay algunos otros pensadores:

“Es precisamente esta pseudo religión de la igualdad absoluta la que abrirá el camino hacia un terror inhumano” – Carl Schmitt (1888-1985), filósofo jurídico alemán.

“La consecuencia es que, en régimen democrático o pretendido como tal, los gobiernos terminan por no ser otra cosa que Consejos de Administración de gigantescos trusts y monopolios. Y la democracia se transforma en una plutocracia” – Joaquín Bochaca. (1979). Filósofo y escritor español.

La democracia funciona mal no por ella misma, sino porque está escasamente desarrollada en la edad moderna. La democracia debería permanentemente adaptarse, ver cuáles

han sido sus errores y erradicarlos, así como ver en qué la democracia y su sistema ha funcionado y potenciar esos logros, determinando políticas de estado, a mediano y largos plazos y no poniendo “curitas” (band-aids) a lo urgente.

Les dejo un enlace, muy didáctico al respecto: