Posted by on Jul 9, 2018 in Novedades | 0 comentarios

Muchas veces pensé que ciertas situaciones iban a ser el final de mi alegría, pero conforme pasa el tiempo y la vida pone (siempre) las cosas en su lugar, supe luego que uno aprende a aceptar cosas que “no nos pertenecían” o que simplemente no estaban “destinadas a ser”, y entonces todo se renueva y tienes que seguir adelante, continuando la búsqueda de mejores cosas, primero para ti, y luego para quienes ames. En ese orden, porque no se puede dar lo que no se tiene de antemano.

Es para recordarlo, algunas veces ciertas circunstancias o situaciones suelen sacarte de tus casillas, y te hacen sentir incómodo, triste, infeliz, vacío, solo, pero eso no constituye el fin de tu mundo. Siempre hay algo mejor luego, siempre. Y entonces, hoy, ante cada nueva adversidad, yo me digo: “aquí estoy de nuevo, creando un nuevo mundo para mí”.

El desapego a un mal resultado, tiende siempre, a construir una nueva realidad, más sabia, y oportuna para reconocer lo que aprendiste en esa desazón ya sea un desamor, una pérdida familiar, una desilusión en la amistad o inclusive un problema de salud.

Cuando deseamos superar nuestros temores aprendemos a confiar. Esto se llama dar un “salto de fe”: confiar en el Poder interior que está conectado con la Inteligencia Universal, Dios, Buda, Alá o como decidas llamarlo. Confiar en lo que es invisible en lugar de confiar únicamente en el mundo físico y material. Dar ese salto de fe…y luego confiar. Dejar fluir.

Si confiamos en el proceso de la vida y en nuestra conexión espiritual con el Universo, que pone las cosas en su lugar, podemos disolver nuestros enfados y temores tan pronto como aparecen. Ciertamente podemos confiar en la vida y saber que todo sucede dentro del correcto orden divino y en el momento y lugar perfectos. Ni antes ni después. Pensar la vida de esa manera,  es convertirse en un nuevo ser, más espiritual, inclusive sin religión alguna.