Posted by on Mar 30, 2020 in Novedades | 0 comentarios

Desde que comenzó el aislamiento obligatorio, ya se contabilizaron al menos ocho víctimas de femicidios en Argentina. Hay otros casos que están siendo investigados. “No hay barbijo que nos proteja contra la violencia machista”, exclaman las colectivas feministas de todo el país. Y se reitera hasta el cansancio que ante la alarma, el miedo y hostigamiento “no estas sola”, llamá al 144. Por supuesto, esto no es exclusivo de la Argentina, esta otra «pandemia» se extiende a lo ancho y a lo largo del mundo en su totalidad.

La cuarentena previene el virus pero no al enemigo interno. A las mujeres que están padeciendo violencia económica, verbal, simbólica y física deben comunicarse en Argentina -reitero- al 144, pedir ayuda, por favor no te aísles con tu agresor.

El 66% de los casos fueron cometidos por las parejas o ex parejas de las víctimas.

Muchas de las mujeres asesinadas eran madres: 88 menores de edad las perdieron. El espacio en donde más femicidios se llevaron a cabo fue en los hogares de las víctimas (59% de los casos). ¿Hasta cuándo?

Desde el día en que se declaró la cuarentena por la pandemia del coronavirus, no se paran de contar femicidios y tantas denuncias de violencia que estremecen, no hay hogar seguro para quién convive con su agresor. Hasta ahora en cuarentena se produjeron 8 femicidios y se investigan tentativas de homicidio.

El feminicidio o femicidio es un crimen de odio, entendido como el asesinato de una mujer por el hecho de ser mujer. El concepto define un acto de máxima gravedad, en un contexto cultural e institucional de discriminación y violencia de género, que suele ser acompañado por un conjunto de acciones de extrema violencia y contenido deshumanizante, como torturas, mutilaciones, quemaduras, ensañamiento y violencia sexual, contra las mujeres y niñas víctimas de éste.

La violencia de género presenta distintas manifestaciones, como actos que causan sufrimiento o daño, amenazas, coerción u otra privación de libertades.​ Estos actos se manifiestan en todos los ámbitos de la vida social y política, entre los que se encuentran la propia familia, el Estado, la educación, los medios de comunicación, las religiones, el mundo del trabajo, la sexualidad, las organizaciones sociales, la convivencia en espacios públicos, la cultura, etc.

Existe consenso respecto a que la mayoría de las víctimas de la violencia de género son mujeres y niñas, mientras que históricamente los varones estarían subrepresentados en las estadísticas;​ otros estudios afirman que la población LGBTI también estaría subrepresentada e incluso, algunos grupos mostrarían mayor prevalencia a nivel comparado (personas trans, por ejemplo).

Por otra parte, algunos autores la equiparan con la violencia de pareja, término más acotado que la violencia de género: este último «es un problema muy amplio y que no solo abarca las relaciones de pareja»,​ y tal equivalencia de estos conceptos traería consecuencias negativas para las mujeres que requieren recursos institucionales de apoyo. En el caso de las relaciones entre personas del mismo sexo, la violencia de género —en el contexto de la violencia de pareja— podría ocultarse «bajo el manto de la heteronormatividad».

La Asociación Estadounidense de Psicología señala que la diversa evidencia existente sugiere que la violencia es un comportamiento aprendido, lo que no significa que factores psicológicos o temperamentales no estén relacionados con la manifestación de un comportamiento agresivo o violento, sino que, para muchos individuos, la violencia está subordinada a un conjunto de normas socioculturales y expectativas de roles que debe tener una persona en la sociedad.

El Observatorio de las Violencias de Género “Ahora Que Sí Nos Ven” registró 63 femicidios en los primeros dos meses del año. En marzo ya son ocho las mujeres asesinadas en mi país, lo que resulta aberrante.