Posted by on Oct 22, 2019 in Novedades | 0 comentarios

Y una noche de Octubre, (precisamente la del 21, ayer a las 22.30), Eduardo Dentino decidió irse a un viaje sin retorno a estas latitudes.
Lo logró como siempre él lo quiso, durmiendo, a sus 96 años, casi intacto.

«Eduardito», el «Tata», el «Zar», «Dentino» o como lo llamamos quienes lo conocimos, nunca se sintió cómodo con la muerte de los demás. Él decía: «no sé qué decirles a los que quedan cuando alguien se muere». Pero él nos dijo mucho, a quienes lo disfrutamos por décadas, nos enseñó y nos predicó siempre con su ejemplo claro y preciso. Un hombre de ley, hospitalario, con una capacidad única para «entender» al corazón y la mente ajena. Con una empatía que lo obligaba a regalar las «crucecitas» que siempre llevaba con él.

Cuando pasaba un tiempo sin vernos yo le decía y «cómo estás? ¿qué estás haciendo?» y él siempre respondía lo mismo: «cosas buenas». Y a eso él se dedicaba. Les pido a cada uno que lo recuerden en vida, alegre, divertido, a veces caradura (en el buen sentido), siempre sabio, en cada detalle.

Los seres humanos que brindan sin esperar nada, sin mirar a quién, tanto amor y buenas energías en este planeta, no mueren, quedan vivas en la memoria de todo cual haya recibido su bondad. 

Gracias Tata, gracias Eduardito por todo lo que nos diste. ¡Te adoro tanto! Buen viaje, ya nos encontraremos de nuevo. Abajo, una de sus miles de coplas, ya que además de inventor y clarividente, Eduardo era escritor.