Posted by on Ago 21, 2017 in Novedades | 0 comments

No hay forma de acostarse tranquilo y despertar al día siguiente sin el sabor amargo que quienes tenemos coherencia y humanismo sentimos ante un nuevo atentado terrorista.

Ya hay suficientes desastres naturales (o no) como los terremotos, los tsunamis, las inundaciones o las sequías por parte del planeta que expresa la ingratitud del hombre hacia su medio ambiente.

Por el lado de nuestra especie, ya convivimos con las calamidades de las guerras, la hambruna, la explotación del hombre por el hombre, la criminalidad en todas sus versiones.

Y entonces, existen casos como el del pasado jueves en la rambla de Barcelona y en Cambrils.

Yo me pregunto…pensando en la psiquis de los autores del atentado, en esas mentes sumergidas en la burbuja del fanatismo, a quienes los anima un espíritu común, se saben de pronto distintos a los demás, y empiezan a operar en el orden superior de las gestas gloriosas.

Hace veinte años que estudio religiones comparadas. Hablo con conocimiento científico de cada doctrina. Yo me pregunto…¿desde cuando el terrorismo…tiene religión? ¿Qué interpretación hacen del Corán, al citarlo en sus abominaciones?

Protegidos dentro de una burbuja que los blinda ante cualquier argumento, esos muchachos un día se lanzan para que todo ese odio acumulado adquiera sentido. Y matan. Pero nada. No hay sentido alguno en su tarea: sólo destrucción. Cada vez…son más y más jóvenes, como esta vez, lo que resulta doblemente alarmante.

Mis condolencias, y las de mi familia, mis colaboradores, mis allegados, al pueblo español, cuna de mi apellido y también…al mundo entero. No murieron españoles, murieron seres de nuestra especie, en forma no natural, sino inducida por estos inadaptados.